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  • Oaxaca de Juárez, jueves, 09 de julio de 2020

Opinión

Enaltecer y catalogar a Tlaxiaco solamente como un ‘París Chiquito’ dentro de la Mixteca significa dejar de lado el origen y la identidad misma de lo propio por algo no sólo ajeno, sino extranjero y occidental.

El racismo y colonialismo internalizado en Ndinu-Tlaxiaco


ALONDRA GIL L. y OMAR AGUILAR S.

 

Enaltecer y catalogar a Tlaxiaco solamente como un “París Chiquito” dentro de la Mixteca significa dejar de lado el origen y la identidad misma de lo propio por algo no sólo ajeno, sino extranjero y occidental, y esto es reflejo y consecuencia de un colonialismo iinternalizado.

Ndinu, ‘lugar de buena vista’, es el primer nombre que tuvo la ciudad que ahora conocemos como Tlaxiaco, el cual a su vez deriva de la palabra de la lengua náhuatl Tlachquiauhco. Ndinu como asentamiento tiene una ocupación continua que viene desde el preclásico mesoamericano, del periodo Clásico, el ‘Cerro Encantado’ es su mejor ejemplo, así como San Pedro para el periodo Posclásico, aunado a un sin número de otras ciudades precoloniales en la región como Montenegro, Yucuñudahui, Yucuita, Huamelulpan, Cuquila, Ticuá, Tilantongo, Jaltepec, Yanhuitlan, Tepozcolula, Chalcatongo y Ocotepec, por citar algunas, muchas de ellas destruidas con la conquista española. En el periodo Colonial Tlaxiaco sufrió muchas transformaciones en detrimento y sufrimiento de los primeros pobladores. Al mismo tiempo, hubo un intercambio cultural que ha dejado huella en muchos aspectos, como en la gastronomía regional (barbacoa), el paisaje (conventos e iglesias) y en la vida cotidiana.

Sin embargo, toda ésta riqueza cultural precolonial se deja de lado en el imaginario colectivo de quienes se identifican con el pasado “glorioso” de Tlaxiaco como un “París Chiquito encajado en la Mixteca”, como lo han titulado algunos portales de noticias. Así, esta reflexión en conjunta surgió en su momento del citado artículo pero hoy decidimos retomar las plumas y ponerlo a la luz pública, por el contexto internacional de lucha en contra del racismo, surgido a raíz de la muerte de George Floyd a manos de la policia de Mineapolis, en Estados Unidos, lo que se ha considerado sólo la punta del iceberg de la historia racial de ese país, y por el cual muchas personas salieron a manisfestarase en contra del racismo estructural y sistematico con el eslogan de “Black Lives Matter”, dando origen a una serie de protestas y movimientos en contra del racismo alrededor del mundo.

Es interesante notar que este movimiento ha hecho público en diferentes esferas públicas, políticas y sociales el debate ya existente del racismo, principalmente en los países con una historia colonial. Así, esta nota toma relevancia a nivel local, dado que queremos subrayar que este racismo es histórico y también se expresa cotidianamente en la Mixteca, principalmente, pero no exclusivamente, en ciudades de la Mixteca Oaxaqueña como Tlaxiaco, Nochixtlan y Huajuapam, por nombrar algunas, donde la población que se asume o se percibe como “indígena” ha sido sujeta a todo tipo de atropellos racistas y discriminatorias por aquellos quienes se identifican como “no indígenas”, y peor aún, indirectamente como “descendientes” de aquellos colonizadores, considerandose ellos mismos como gente de razón y desprestigiando en todo momento la cultura de las comunidades de Ñuu Savi, catalogadas como comunidades “indígenas” y señalándolas de ignorantes, ingenuas, tontas y demás adjetivos denigrantes. Así, el hecho de subrayar que en Tlaxiaco, por poner un ejemplo concreto, subyace hasta hoy en día una ideología racista se debe a un cúmulo de experiencias e historias de racismo y discriminación de quienes han llegado a esta ciudad de diferentes comunidades y municipios aledaños. Aquí queremos mostrar con un sencillo ejemplo la manera en cómo se expresa este racismo y a la vez colonialismo internalizado, concretamente con el mote de “París Chiquito”

En la educación básica en Tlaxiaco se continúa enseñando este proceso como uno de los más importantes en la historia de Tlaxiaco, y si bien forma parte dé, la base de una identidad no debería ser sólo europea, ya que hay otros momentos y procesos históricos, como la época precolonial que ha sido poco o nulamente investigada.

La Mixteca, como región de Oaxaca, sólo es una división territorial para este estado. Pero si retomamos el hecho de que la palabra Mixteca deriva de su asociación con la cultura Mixteca, uno de los 68 pueblos originarios de lo que hoy es México, entonces debemos aclarar que el territorio histórico-cultural que ha ocupado este pueblo originario, es aún más grande que la región Mixteca geográfica del estado de Oaxaca. El Ñuu Savi, Pueblo de la Lluvia, que es la forma en cómo se autodenomina en su propia lengua el pueblo conocido como Mixteco, se extiende sobre los estados de Oaxaca, Guerrero y Puebla y se ha dividido histórica, cultural y geográficamente en Mixteca Alta, Mixteca Baja y Mixteca de la Costa, pero esta región cultural no sólo es cuna de la cultura mixteca sino también están presentes los pueblos Triqui, Amuzgo, Chocho e Ixcateco.  

Así, en el origen Ndinu es una comunidad del pueblo Ñuu Savi, pero al parecer muy pocos lo quiere recordar. La pretención de recalcar solo el mote europeo de París Chiquito vanagloría, entre lineas, y subraya la aceptación de la colonización y sistemática discriminación contra las comunidades originarias del Pueblo de la Lluvia. Esta misma discriminación que han sufrido muchas personas en carne propia, historias desgarradoras que han tenido lugar en Tlaxiaco, principalmente de discriminación, de parte de una sociedad que no se considera parte de Ñuu Savi y que menosprecia a las personas que sí lo hacen, lastimándolas y generándoles un trauma que ha afectado su propia integridad y las obliga a abandonar, principalmente, su lengua con la que crecieron y que también no les motiva a seguir heredando esta herencia cultural a sus hijos, con tal de que no vivan esta discriminación por la que ellos pasaron. Por ende, sentir orgullo por hablar el francés (como lo maneja el artículo citado líneas arriba) en detrimento del Mixteco, cuando ambas tienen la categoría de lenguas, es muestra de este racismo y colonialismo internalizado. Además, poner a Tlaxiaco como centro de la Mixteca tampoco genera la consciencia de que lo que hace a Tlaxiaco grande no es su reloj, ni su iglesia sino su mercado, su posición y función como una gran red de alianzas e intercambios económicos, sociales, políticos y, sobre todo culturales en la parte sur de la Mixteca Alta. Así, más que un París Chiquito, es una “Ciudad Mercado”, como bien lo describió Alejandro Marroquín hace poco más de cuatro décadas.

Finalmente, hay que subrayar en el contexto actual que la discriminación y racismo lamentablemente prevalecen en todo el mundo, y que cada población y nación tiene su propia lucha, y por lo mismo hay que comenzar por la propia casa, donde se discrimina por tipo de color y de cultura ligada a lo “indígena”. Si bien hay que solidarizarse con movimientos exteriores, primeramente hay que hacer (nos) una propia crítica sobre el valor en el que queremos cimentarnos históricamente, ¿continuar mirando a Europa como un punto clave o (re) identificarnos con nuestras propias características, principalmente mesoamericanas? Obviamente sin negar las adaptaciones culturales a través de la historia.

Por último, enaltecer meramente la ciudad de Tlaxiaco como entidad suprema sin ver que su grandeza se debe a las comunidades circundantes, también es un error. El mismo que se llega a cometer al pensar que el sólo retiro de los puestos, denominados “ambulantes”, lo convertirá en un “pueblo mágico” y atraerá el turismo. Es cierto que Tlaxiaco tiene un potencial en esta área pero para que esto se vuelva realidad no sólo basta despejar el centro histórico sino también brindar seguridad a la sociedad, ordenamiento vehicular, eficiente sistema de saneamiento, de recolección de basura, la protección de monumentos antiguos que no se ve reflejada en la realidad (para muestra la suspensión de las obras en la casa de la cultura, la pintada de las cúpulas de la iglesia y la destrucción y reemplazo de edificios antiguos por modernos, así como el retiro de las fuentes del parque principal), y además de tener buenas intenciones es necesario e indispensable un (gran) proyecto a largo plazo que sea incluyente, integral y sostenible en el que la ciudad de Ndinu-Tlaxiaco haga lo que mejor ha hecho desde tiempos precoloniales y recientes, fungir como un lugar de intercambio y prestadora de servicios.

 

 

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