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  • Oaxaca de Juárez, domingo, 25 de septíembre de 2022

ZONA CRÍTICA


ISMAEL GARCÍA M.

TWITTER: @May_Garcia_M_


En Oaxaca la Guelaguetza es un negocio millonario, tanto en inversiones como en ingreso, aunque estos últimos se van a bolsillos de unos cuantos neoempresarios de la industria turística, principalmente del ramo hotelero y restaurantero.

Pero fue, literalmente, retando al Covid-19, que no dio ni ha dado tregua y las fiestas se desarrollaron en plena quinta ola de Covid; la irresponsabilidad, seguramente —y lamentablemente— arrojará más casos de Covid y más decesos.

¿Y serán sancionados los titulares de las secretarías de Turismo, Cultura, Economía y Salud? Porque los tres primeros fueron los responsables de organizar actividades multitudinarias, sin cuidar la sana distancia y mucho menos el uso de cubreboca, mientras que la última instancia actuó con total negligencia para supervisar, y en su caso sancionar, a quienes ponen en riesgo la salud.

Tan sólo en la última semana, del 31 de julio al 6 de agosto, la dependencia de salud reportó 2 mil 863 contagios, es decir un promedio de 409 casos diarios; también, 16 decesos, un promedio de 2.2 defunciones cada día.

La ocupación hospitalaria continúa en ascenso y en ese lapso fue de 23.8%; de un mes a la fecha, los nosocomios saturados aumentaron de tres a ocho.

Una semana antes, la primera de la Guelaguetza, del 24 al 30 de julio, la autoridad sanitaria registró tres mil 385 contagios y 14 decesos; mientras que del 17 al 23 de julio fueron tres mil 360 contagios y 12 defunciones.

GUELAGUETZA ESCANDALOSA

Tan cuantiosa fue la inversión que se hizo de la Guelaguetza, que hasta la Quinta Avenida de Nueva York apareció una publicidad, que cuesta miles de dólares.

Tan cuantiosa que mañana, tarde y noche hubo detalles y entrevistas a modo en programas “informativos” nacionales, e incluso se trajo a toda la producción de “Hoy”, de Televisa, que se apropió durante dos días de un espacio histórico.

No obstante, esos pagos a medios “nacionales” permanecen en la absoluta opacidad.

El resultado, según la Secretaría de Turismo, más de mil millones de pesos de derrama turística, en los destinos Oaxaca de Juárez, Puerto Escondido y Huatulco que, como ya dijimos, fue para los grandes inversionistas, ajenos a la entidad.

Pero, por cierto, Juan Carlos Rivera Castellanos jamás precisó y actuó contra los fraudes y la reventa de boletos a cifras estratosféricas; tampoco por el relajo en el auditorio, además de las protestas que incomodaron al mandatario estatal.

Y según la Secretaría de Economía, alrededor de 120 mil personas visitaron la Feria del Mezcal, no obstante Juan Pablo Guzmán Cobián no habló de la cantina a cielo abierto, de las constantes riñas, robos, montones de basura, vehículos dañados y molestias a los vecinos que habitan en inmediaciones del Centro de Convenciones.

Tampoco se habló que los únicos beneficiados de esta feria fueron los neoinversionistas mezcaleros, muchos de ellos extranjeros, que exhibieron y ofertaron sus productos, además de ofrecerlos a raudales para embriagar a los asistentes, con las sabidas consecuencias.

O la Secretaría de las Culturas, que organizó una docena de conciertos en el auditorio del cerro del Fortín, aún con engaños al anunciar grupos que no habían confirmado su asistencia.

Por cierto, tampoco hubo una disculpa pública de Karla Villacaña y una explicación de las razones de dejar fuera de la Guelaguetza a la región Sierra Norte, de donde por cierto procede el gobernador electo Salomón Jara Cruz.

SALUD, TAPADERA

De los Servicios de Salud de Oaxaca no se puede esperar mucho, pues su quinta titular, Virginia Sánchez Rios, está prácticamente sólo como imagen, ya que los principales operadores de Juan Carlos Márquez Heine continúan en la dependencia, haciendo esfuerzos extraordinarios para cuadrar las cifras de los desfalcos.

Porque no se entiende que en la primera como en la segunda y la tercera ola de la pandemia, la institución pública dirigía sendos oficios a municipios y entidades públicas para abstenerse de efectuar actos masivos; en cambio, en la cuarta y quinta sala, relajó totalmente las medidas.

Incluso en las tres fases hubo pronunciamientos —sólo eso— por parte del Congreso del Estado para evitar actos masivos.

Por si fuera poco, los Servicios de Salud fueron cómplices también de un restaurante donde resultaron intoxicados alrededor de 40 comensales, en pleno centro de la ciudad de Oaxaca.

Cómplices porque los protegió, pues en lugar de revelar el nombre, para que los visitantes no acudieran al sitio, mantuvo en secreto el hecho y sólo ordenó el cierre temporal.

La crisis en el sector salud, ante la ausencia de mando, se refleja en muchos aspectos, incluyendo el Hospital Civil “Dr. Aurelio Valdivieso”, donde los sindicalizados lograron que se quitara a la directora, aunque las carencias e irregularidades sigan, como el cierre de un área por parte de la Cofepris, por no cumplir con los estándares.

¿QUÉ SIGUE?

No está mal, en absoluto, dar a conocer al mundo las bellezas naturales de Oaxaca, aunque esto no sea necesario, porque se venden por sí solas; por otro lado, por más que se promocione la Guelaguetza, no va a caber más gente en el auditorio y no hay dónde meter a otras.

Pero ya se debería dejar de utilizar a indígenas para promocionar una imagen pública y para argumentar que Oaxaca es un estado con progreso y desarrollo, cuando en los hechos hay excesivos rezagos.

Los feminicidios, la inseguridad e incremento de asesinatos, la pobreza latente, la nula obra pública y la nula inversión estatal en municipios, la deuda pública, son un poco de lo mucho de los pendientes en la entidad.

No basta una fiesta de dos semanas para disfrazar al estado, porque la realidad es necia.

El siguiente gobernador, Salomón Jara, tiene el reto de evitar dispendios en la Guelaguetza; que se deje de explotar la imagen de los indígenas y sus costumbres, sin que tengan un provecho real.

Modificar los formatos de los Lunes del Cerro, de tal manera que la auténtica población oaxaqueña pueda disfrutar de las fiestas y no las élites que pueden pagar boletos carísimos, así como incentivar adecuadamente a las delegaciones participantes, entre otras medidas.

Por supuesto, acabar de una vez por todas el uso de las fiestas folclóricas para beneficio de una imagen personal y, si tiene voluntad y no hay acuerdos políticos, indagar las múltiples irregularidades y favoritismos en estas festividades… y en muchos rubros más. 

 

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